Especial Juana de Arco: la pasión de Carl Theodor Dreyer : Especial
por Ilde Cortés  


Carl Theodor Dreyer está considerado como una de las figuras más importante del cine danés de todos los tiempos, además de uno de los más grandes artistas y teóricos que ha dado la historia del cine. Dedicó toda su vida a explorar y desgranar todas las posibilidades expresivas que el cine le otorgaba. Con Dreyer comenzó a vislumbrarse el cómo en el cine, el danés perfeccionó toda su obra a través de un concepto muy claro de la importancia del estilo, otorgando no sólo una unidad estilística a todas sus películas, sino también un estilo exclusivo a cada una de ellas, en función de las necesidades particulares de éstas. Para Dreyer, el alma de las películas nacía a través del estilo y eso demostró con La pasión de Juana de Arco, con la que alcanzó la cima de su carrera a pesar de la censura y de la mala suerte que acompañaron a la cinta.

Una película que fue destruída por dos veces y recuperada milagrosamente en 1981 tras haber sufrido censuras, incendios y mutilaciones, y que ahora llega a nuestras manos en su versión integra editada por Sherlock Films. ¿Quieres saber qué ocurrió con las distintas versiones de La pasión de Juana de Arco? Vamos allá:

1928: Primer negativo

La pasión de Juana de Arco se estrenó el 21 de abril de 1928 en Copenhague. Ese día tuvo lugar la que probablemente fue la única proyección de la versión íntegra del film, quitando algún pase privado. El estreno en Francia no tuvo lugar hasta el 25 de octubre y vino precedido por una intensa campaña en contra.

Los nacionalistas franceses no creían que un director extranjero, y encima protestante, pudiera reflejar con justicia su mito nacional y, ante la imposibilidad de frenar la producción, el Arzobispo de París exigió a la censura del gobierno que realizara numerosos cortes y modificaciones. Los cambios, que se hicieron sin el consentimiento de Dreyer, convirtieron la película en un aburrido y católico espectáculo en el que los jueces de Rouen eran incluso amables .

Sin embargo, el público francés no iba a ver la película de Dreyer, censurada o no, por mucho tiempo. El 6 de diciembre de 1928, un fuego consumió los laboratorios de la UFA en Berlín, destruyendo el negativo original. Sólo unas pocas copias, ya gastadas, quedaban en circulación. Dreyer estaba desolado, su película parecía condenada para siempre al desastre.

Segundo negativo

Había una solución, pero imperfecta. Famoso por obligar a los actores a repetir hasta el último plano, Dreyer pudo reconstruir la película entera a partir de tomas alternativas de cada plano que, por suerte, estaban almacenadas en otro sitio. Utilizando una copia de exhibición como modelo, Dreyer y su montadora, Marguerite Beaugé, crearon un nuevo negativo que coincidía con el anterior plano por plano. Algunos ni siquiera apreciaban la diferencia. Sin embargo, este segundo negativo se quemó en un segundo incendio, producido en los laboratorios de de Boulogne-Billencourt en 1929.

Según pasaban los 30 y los 40, las copias del primer negativo fueron haciéndose menos numerosas. Poco a poco, las del segundo también. No había freno en el proceso de pérdida definitiva de uno de los grandes clásicos del cine mudo. Mientras, las copias corruptas seguían circulando. Algunas eran identificadas como fraudes inmediatamente, pero otras perduraron, como el caso de la versión de Lo Duca.


La versión de Lo Duca

Lo Duca encontró en Gaumont un negativo intacto y en excelentes condiciones que parecía pertenecer a la segunda versión y se había salvado milagrosamente del fuego. Desgraciadamente, Lo Duca introdujo numerosos cambios en la película antes de su explotación comercial: sonorizó con música de Albinoni, Bach y Vivaldi, cambió las cartelas originales por subtítulos y las que dejó las adornó con fotografías. Este negativo se perdió, pero la versión de Lo Duca circuló durante muchos años, a pesar de la clamorosa oposición de Dreyer, que llegó a escribir a Gaumont diciendo que un film clásico es una pieza de museo que debe conservarse en su forma original y restaurarse respetando los deseos del autor.

Cuando quedó claro que la versión de Lo Duca no era aceptable, Arnie Krogh, de Danish Film Institute, comenzó la labor de reconstruir una versión más fiel a partir de copias existentes. Su primera fuente fue una copia del segundo negativo, quizá de Holanda. Otra fue una copia hallada en el London Film Archive a la que le faltaban 190 planos y 26 intertítulos pero que, inexplicablemente, contenía tomas no encontradas en ninguna otra versión. La existencia de estos planos sigue siendo un misterio, aunque la copia de Oslo prueba que no pertenecían al montaje original.

La copia de Oslo

Finalmente, en 1981, mientras se realizaba la limpieza de un armario en Kikemarkby Kehus, una institución mental cerca de Oslo, un trabajador encontró varias latas de películas. Se mandaron al Instituto Noruego, y allí permanecieron 3 años sin que nadie las visionara. Cuando finalmente se abrieron, se descubrió no sólo la copia de la película, sino también un documento solicitando la aprobación de censor fechado en 1928, que prueba que se trata de una versión no censurada del primer negativo. Probablemente acabó allí porque Harald Arnesen, director médico de la institución, era un historiador aficionado que pudo pedir la copia para un pase privado para sus enfermeras y pacientes y luego olvidar devolverla.